Una liebre con arco de poleas como cierre de veda.

 

Este año la general no ha sido muy fructífera para los arqueros de la campiña del valle del Guadalquivir.

 

Tuvimos unos comienzos como viene siendo habitual estos últimos años, con un terreno como la pólvora, calor propio de la primera quincena de Septiembre y con el handicap de haber cerrado hacía escasos días la media veda, en la que se le estuvo dando cera a plomo y perros casi dos meses a los conejos en el modesto coto social del pueblo, logicamente las condiciones no han favorecido nada,  pero el arquero es cazador de retos, de lances y de momentos imborrables de nuestras mentes, por lo tanto hay que coger los archiperres y salir al campo aún a sabiendas de que si logras soltar una flecha será algo casi anecdótico.

Una vez en Andalucía se cierra el conejo, solo nos queda centrarnos en las cuatro perdices que quedan, estas no sueltan pluma, porque ponen muy caro acercarse, con la campaña de aceituna los animales están estresados y apeonan continuamente, mejor casi ni pensar en ello, sería como pescar en la bañera. Nos queda la opción liebre y es la que escogí para el cierre de veda.

 Mañana nublada y fría, un café caliente sobre la encimera de mi cocina humea, quizá demasiado, - no tendría que haberlo calentado tanto leñe, las ganas de irme son grandes es el último día de general, pero bueno vamos a dejar que se encamen que si no será imposible.

 Tomado el café, agarro los trastos y me dirijo con el todoterreno a una zona donde el día de antes vi un grupo juntas, alguna hembra debía estar ya en celo y la rondaban tres u cuatro machos, esto me hizo pensar en que con un poco de suerte podría ponerme a tiro de alguna  haciendo asomadas por encima o por debajo de los taludes  en una zona concreta del coto que hay muchos, En dos ocasiones las vi salir desde lejos sin dar opción a poder acercarse, las veía cruzarse por medio de los hilos de olivos, pero nada, por muy despacio que iba no se aguantaban por lo que decidí irme al coche y cambiar de zona.

 Al bajarme del coche escuché cantar una perdiz y me fui derecho al canto, intentando acercarme a la perdiz vi una liebre parada que estaba muy larga, pero que me hizo acordarme del día anterior que vi varias juntas por el celo, bien, seguí el talud adelante, no habría andado veinte metros, cuando eureka, una liebre a unos 23m que estaba aplastada en un agujero de los conejos veo claramente como me mira con el ojo, no me deja casi flanco, está casi enterrada, por lo que además de que pensé que no me iba a dejar abrir el arco, casi no la veía, con poca fe encaro el arco y no se mueve para mi sorpresa, tiro de él y se aprieta más contra la tierra,  le puse el pin en lo poco que veía, le suelto la flecha y ploff, el característico sonido de pegada, no tuve ni que correr,  el tiro fue eficaz se movería unos dos o tres metros, le entró por zona vital baja, ella miraba a mi izquierda, no la  pasó el tiro porque la punta dio en el suelo por la parte contraria, sí asomo la punta pero la estrella quedó dentro.

 Bien, no es como mas me gusta y muchos lo sabéis, con el tradicional y un par de buenos perros tiene más glamour, pero un rececho a las liebres con el poleas también es una bonita opción, es complicada porque no lo ponen nada fácil los animales, culminar un buen lance a una liebre con el arco no se culmina cada día, y si vas a buscarla y la abates es algo que a mi al menos me hace feliz. Un abrazo y buena caza.

 Gonzalo Pérez ArcocazA